El
Sonero Mayor, El Faraón de la Salsa, El Diablo de la Salsa, El Sonero del
Mundo, El Bajo Danzante, El León de la Salsa. En resumen: Oscar D'León, uno
de los mayores exponentes de la música caribeña a nivel mundial, un hombre
que hasta los 28 años creyó que iba a tener que dedicarse a manejar taxis y
micros escolares para vivir. Pero un día chocó y tuvo que dedicarse a otra
cosa: la música.
El cambio de rubro no surgió de un día para otro: la infancia de Oscar
Emilio León Somoza en Caracas había tenido como banda de sonido a las
grandes orquestas caribeñas de la época, como el Trío Matamoros, La Sonora
Matancera, El Septeto Matamoros o la Billo's Caracas Boys, y cantantes como
Celia Cruz o Benny Moré. Mientras cursaba la escuela, y después la carrera
de Topografía, Oscar aprendió, como autodidacta, a tocar el bajo. Estuvo en
un par de grupos sin demasiada trascendencia (Golden Star, Los Psicodélicos)
pero en ese deambular conoció a Víctor Mendoza, un compositor y arreglador
que lo rebautizó Oscar D'León. Con ese nombre empezó a tocar en un club
nocturno para ganarse unos pesos después del choque. Después, la leyenda
dice que una noche faltó el cantante y él se hizo cargo de la voz. Y que
otra noche, el dueño de la cervecería les dijo que iba a ampliar el local y
ya no quería a ese grupito amateur: ahora pretendía una orquesta de verdad.
D'León le dijo que él tenía el conjunto que necesitaba.
El conjunto no existía, pero D'León fue a buscar al percusionista José Rodríguez,
a los trombonistas César "Albóndiga" Monge y José Antonio Rojas,
y al pianista Enrique "Culebra" Iriarte, y armó La Dimensión
Latina. El éxito llegó rápido. Tanto, que mucho antes de lo previsto le
ofrecieron grabar un disco. Llorarás, un hit acuñado en esa época
junto a Wladimir Lozano —incorporado a la orquesta en 1974— es aun hoy uno
de los temas emblemáticos de D'León.
Con el tiempo, D'León se abriría de La Dimensión Latina y fundaría La
Salsa Mayor, grupo con el que obtuvo aun más éxitos (como Mi bajo y yo)
y repercusión internacional. Después vino La Crítica y finalmente encaró
una carrera solista que ya lleva casi treinta años. Se impuso en Estados
Unidos —desde 1998, en Nueva York el 15 de marzo es el "Día de Oscar
D'León"—, llegó a tocar en Japón y es una figurita repetida en los
veranos europeos. También se presentó en Cuba, la cuna del son. Fue en 1983,
y los conciertos resultaron un éxito. Para él, gran admirador de la música
cubana, significaron la realización de un sueño personal, pero tuvieron su
costo: lo acusaron de apoyar al régimen comunista y le cancelaron una serie
de presentaciones en Estados Unidos. Desde entonces ("y mientras está la
política de por medio") prefiere mantenerse alejado de la isla, aunque
todavía recuerda esos shows como los mejores que dio en su vida.
Ahora, a los 65 años, con más de 50 discos sobre el lomo, ya está de vuelta
de todo. Sobrevivió a tres infartos; tuvo doce hijos —de lo cuales, dice,
"ocho son reconocidos y el resto no, porque sus madres prefirieron
guardar el secreto"—; y nunca se la creyó demasiado: "Cantar
salsa no es fácil: si no naciste para cantarla, no te va a salir. Yo canto
mal, pero a la gente le gusta".