Es un icono en el ámbito de la cultura de habla hispana, y uno de los
grandes renovadores de la salsa desde su primera grabación, en 1967. Después
de ejercer como ministro de Turismo en Panamá entre 2004 y 2009, retomó su
actividad musical con Cantares del subdesarrollo, que publicó por cuenta
propia.
¿Por qué decidió
editar digitalmente
Cantares del subdesarrollo? ¿Considera muerta la industria del disco?
No tengo contrato discográfico, y como ningún sello multinacional aceptó mi
propuesta para distribuir el disco, la única alternativa fue lanzarlo de
manera independiente. La industria ya no existe como antes, pero continúa
operando bajo otros esquemas. El problema para los independientes como yo es
que hay fans que roban la música y es difícil lograr una distribución
internacional efectiva y sostenida.
¿Qué balance hace de
su aventura política?
No fue una aventura, sino el cumplimiento de una responsabilidad ciudadana,
el ejercicio de un cargo público. La gente despotrica y habla en contra de
la corrupción y la mediocridad políticas, pero sin proponer nada concreto.
La mayoría tampoco se decide a reemplazar lo que critica a través de su
propia participación, algo esencial para lograr empezar a descontaminar y
purgar lo dañado. Parecía lógico que un cantante que siempre demostró
compromiso decidiera dar el paso. Eso es ser consecuente con el discurso. No
es solo hablar, es entrar a la entraña del monstruo y ver qué podemos hacer
para mejorar la situación del país. De no haberlo hecho, crearía la
contradicción de ser un artista que hace dinero hablando de temas sociales
pero que no se arriesga y entra a la trinchera a pelear por lo que dice
creer. Por eso, ya en 1990, participé en la construcción de un partido
político independiente, el movimiento Papá Egoró, y fui su candidato
presidencial en 1994. Trato de ser coherente, eso es todo.
¿Siente que los
motivos que le empujaron a introducir temas concienciados en la salsa siguen
vigentes?
Sí. Pero el mundo se torna más y más material, alejado de lo espiritual, lo
abstracto, lo conceptual. Eso hace que mi trabajo sea mas difícil. Por lo
pronto, en la radio solo me escuchan si el Dj decide incluirme en la
programación sin esperar nada a cambio. No tengo hits, no tengo disquera, ni
tengo managers. Continúo haciendo lo que hago porque creo en ello. De no
hacerlo así, no podría ser la persona que soy.
Su carrera ha estado
marcada por hacer evolucionar la música afrocubana: canciones comprometidas,
discos conceptuales, modernización de los arreglos, visibilidad del género
fuera de su propio entorno? ¿Se siente un pionero?
Fuimos mas de uno, en distintos lugares. Tite Curet Alonso en Puerto Rico,
Jongo Trio y Chico Buarque en Brasil, Piero en la Argentina, Joan Manuel
Serrat desde Cataluña, España, Bob Dylan en los Estados Unidos...
¿Cómo era formar
parte de Fania All Stars a mediados de los setenta?
Un desorden épico, un maelstrom de creatividad, formado por gente con mucho
talento y total inmediatez en su concepto de vida.
¿Eran conscientes de
la revolución que estaban protagonizando?
No creo siquiera que la mayoría lo imaginara. Mi intención de usar la música
como medio de información y de enfrentamiento a la injusticia social produjo
la necesidad de comprender que mis actos tendrían consecuencias en el
futuro. Durante un tiempo me boicotearon, me prohibieron, me acusaron de
comunista, subversivo y cuanta mentira posible. Eso no le pasó a nadie más
en Fania, que yo sepa. Décadas después, pocos recuerdan la dificultad de
esos días.
Hay dos nombres
fundamentales en su carrera. Uno es Willie Colón. ¿Cómo fue su relación?
Me dio la oportunidad de seleccionar y grabar con libertad temas de
contenido político. Por entonces era una de las mayores figuras de la salsa,
junto a Héctor Lavoe. Su nombre permitió una proyección casi instantánea
para mis temas. Comprendió el concepto de panamericanismo y lo adoptó en su
argumentario musical. Por desgracia, nuestra relación profesional no
evolucionó hacia una amistad personal, por la inseguridad personal del señor
Colón y su eterna sospecha hacia todo.
En segundo término,
el grupo Seis del Solar.
Un excelente grupo de músicos, creadores y amigos. Sin ellos no creo que
hubiese podido sentirme completo como individuo. Fueron, son y serán
importantes contribuyentes a todo lo que soy.
¿Qué le debe a Pedro
Navaja?
La canción tuvo un notable impacto social y se mantiene vigente en el
tiempo. Asumo que por eso siempre le deberé mi agradecimiento, pero no creo
que sea lo mejor que he escrito.
¿Siente que la salsa
está integrada como merece entre las músicas populares contemporáneas, o es
difícil luchar contra el dominio anglosajón?
Creo que sí. El asunto es ser relevante y poder definir un argumento urbano
con propiedad. Por eso la salsa no tiene fecha de expiración. Lo anglosajón
no determina nada hoy, en ninguna parte del mundo. Podrá influir, pero ya no
es The only game in town. Desde U2 a Maná, de Calle 13 a Anya, este es otro
mundo.
¿Cuál es el futuro de
la salsa?
Siempre existirá. Tendrá alzas y bajas, como cualquier género, pero no
desaparecerá mientras exista la ciudad, la urbe.
Como otros músicos,
ha participado en numerosas películas. ¿Cómo afronta su trabajo como actor?
El único músico que conozco que haya hecho mas de seis películas como actor
es Sting. El mejor situado fue Bobby Darin, con una nominación al Oscar. Ya
llevo 36 películas, he tenido suerte. Lo encuentro interesante, diferente,
es un reto. En un par de años me dedicaré más al cine que a la música. Las
giras son cada vez mas difíciles para mi. Es un complemento a lo que hago,
me permite incursionar en áreas que hasta hace poco no eran muy visitadas
por latinoamericanos, aprender y evolucionar en distintas direcciones,
proyectar nuestra posibilidad cultural de forma masiva internacionalmente,
algo que solo el cine logra realizar así.
En 1988 grabó un Lp
en inglés (Nothing but the truth). ¿Por qué no ha vuelto a intentarlo?
Quería experimentar cantando y escribiendo en otro idioma, y compartir un
disco con músicos que respeto, pero trabajan en otros géneros. Fueron las
primeras colaboraciones de Lou Reed y Elvis Costello con un cantautor
latino. Pero nunca me interesó quedarme allí ni me sentí cómodo cantando en
inglés.